La postura encaja. La luz también. Aun así, Flo detiene la toma. A la escena de Never Go Home le falta algo que no está en la marca del suelo.
«Quédate ahí. Solo lleva el hombro un poquito hacia atrás». Flo levanta la mano como si pudiera detener la imagen. Aira permanece bajo la última luz cálida mientras las ventanas de la ciudad empiezan a encenderse detrás de ella. Corrige la postura: medio paso, un pequeño giro. Flo mira el monitor y vuelve a mirarla. «Casi». Aira arquea una ceja. «Es la cuarta vez que dices eso».
En la azotea está todo preparado. La cámara espera, la marca sigue pegada al suelo y el viento encuentra siempre el mechón que por fin estaba en su sitio. Para esta escena de Never Go Home, Aira debe girarse hacia la ciudad y mirar después a cámara. Un movimiento pequeño. Una mirada que diga que la noche todavía no ha terminado. En el monitor, por ahora, parece más bien que está esperando el autobús.
Flo se coloca a su lado y le enseña el giro. Primero el pie, después el hombro; la cabeza llega un instante más tarde. Lo hace despacio y con una seriedad sorprendente. Aira cruza los brazos y espera a que termine. «¿También tengo que poner esa cara tan seria?». Flo baja los hombros. Los dos se ríen durante un segundo, precisamente el segundo que nadie está mirando a través de la cámara.

Como desarrollador de AIRA-FLOW y productor bajo el nombre Vtec-Flo, Flo tiene una imagen bastante clara de la escena. Ahora mismo no le sirve de mucho. Cuanto más explica cada ángulo, más pendiente está Aira de ejecutar el movimiento. Todo encaja, pero nada parece espontáneo. Él vuelve al monitor y reproduce los últimos segundos. Luego se pasa la mano por la cara. «Lo estamos complicando más de la cuenta».
Le pide que olvide la marca por un momento. «Imagina que abajo hay alguien esperando a que te vayas con él. Tú también quieres ir. Pero todavía no quieres renunciar a estas vistas». Aira se gira hacia la ciudad. Esta vez nadie cuenta los tiempos. Detrás de ellos se cierra una puerta. El viento levanta el borde de su camiseta. Ella se queda una respiración más y solo entonces vuelve la mirada sobre el hombro.
Flo no dice nada. Observa la pantalla mientras Aira ya lo está mirando. «¿Demasiado tarde?». Él niega con la cabeza. «Justo a tiempo». Ella espera el siguiente pero. No llega. En cambio, Flo le acerca el monitor. Por primera vez, el giro parece una decisión y no una postura ensayada. Aira ve la toma dos veces. «Entonces podríamos habernos ahorrado tu demostración de baile». «Dirección», responde Flo. «Eso era dirección».
Más tarde, frente al ordenador, coloca el cambio de mirada en el punto donde la música toma aire. Un corte antes, Aira parece impaciente; un corte después, la escena pierde fuerza. Mueve la transición, escucha otra vez y acaba apartando la mano del ratón. La azotea entera es ahora un pequeño rectángulo en la pantalla. Sin embargo, el instante que contiene parece más grande que antes.
Arriba ya están recogiendo las primeras cosas. Aira se detiene junto a la puerta y vuelve a mirar la ciudad. Flo anuncia que han terminado. «¿Seguro?». «Segurísimo». Ella sonríe. «¿Entonces sí nos vamos a casa?». Él mira el monitor, donde la última mirada ha quedado congelada. «Después de exportar». Esta vez Aira no necesita responder. Ya ha oído ese casi suficientes veces.
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